Durban – Sudafrica


Los indios conforman en Durban, junto a boers, zulúes y británicos, el alma de una ciudad mestiza, joven y pujante que se apresta a mostrar al mundo su indudable atractivo desde el escaparate del próximo Campeonato Mundial de Fútbol, del que será sede.

Si no se tienen muchas referencias de la tercera ciudad de Sudáfrica, tras Johannesburgo y El Cabo, sorprenderá encontrarse una ciudad tan limpia, moderna y dinámica. Desde las lomas que la aprietan contra el mar, se descubre una urbe joven, verde, en constante crecimiento, como atestiguan los numerosos edificios de nuevo cuño que recortan su ‘skyline’ contra los cielos australes del Índico.

Mirando permanentemente a Asia, de donde proceden muchos de sus ciudadanos, pero asentando sus raíces en la cultura zulú, Durban crece sin cesar, como una adolescente llena de problemas, pero también de energía y ganas de vivir.

Me dicen que Vasco de Gama avistó la costa oriental de Sudáfrica el día de Navidad de 1497, así que decidió llamar Natal a aquella tierra desconocida hasta entonces. Hubieron de transcurrir casi cuatrocientos años antes de que los británicos la echaran la vista encima y decidieran anexionarla como colonia a su imperio. Con ellos, a finales del siglo XIX, empezaron a arribar a la bahía de Durban decenas de miles de indios (entre ellos, ‘un tal’ Gandhi), mano de obra barata que llegaba para trabajar en las numerosas plantaciones de caña de azúcar.

Uno de los grandes atractivos del Durban actual es precisamente su barrio indio, lleno de vida y color. Habitado por descendientes de los primeros emigrantes, aún permanecen intactos sus característicos rasgos étnicos y culturales, que le llevaron a conformar uno de los cuatro grupos discriminados racialmente durante el ‘apartheid’. Los indios trajeron consigo su religión y sus costumbres. O, mejor dicho, sus religiones, porque musulmanes e hindúes convivieron, y conviven, sin tener mayores problemas.

EL MAYOR TEMPLO HINDÚ.
La enorme mezquita, la mayor del hemisferio sur, y la adyacente madraza se levantan muy próximas al Alayam, el más antiguo y venerado templo hindú de toda Sudáfrica. Alrededor de ellas, los mercados, las especies, los saris y los sonidos inconfundibles del hindi salpicado por algunas frases en inglés, que aún es lengua de curso común.

Pero Durban es, hoy, una ciudad abierta al mar. Desde la desembocadura del río Umgeni hasta The Point, el saliente que enmarca la bahía, se extiende un trecho ininterrumpido de seis kilómetros de playas de finas arenas blancas. Conocido como la Milla de Oro, está flanqueado por el Promenade, un cuidado paseo marítimo donde aún pueden verse numerosos ‘rickshaws’, engalanados al puro estilo zulú, que se dedican a pasear turistas por unos pocos dólares. Las inmensas playas, todo hay que decirlo, atraen a más surfistas que bañistas, que prefieren los trechos ‘privados’, aquellos que disponen de sombrillas, tumbonas, acceso restringido y absoluta seguridad. Como si fuera Copacabana o Miami Beach, el Promenade está jalonado de modernos edificios que forman una pared frente al océano Índico. Allí se apiñan los mejores hoteles, los bloques de apartamentos de auténtico lujo, los bares, los restaurantes, las discotecas, las tiendas, etcétera que caracterizan a todos los centros turísticos de cualquier parte del mundo.

Muy cerca de The Point, se halla el uShaka Marine World, un parque temático divido en varios sectores: Sea World, Wet’n’Wild World y uShaka Beach. Cuenta con uno de los mayores acuarios del mundo, que incluye una impresionante colección de tiburones, el más grande delfinario de África, un estadio de lobos de mar, etcétera, aunque el mayor atractivo quizá sea su cuidada playa, a la que solamente puede accederse desde el propio parque.

Es un lugar estupendo para pasar el día, particularmente si se trata de familias con niños. Tan segura como uShaka Beach es Sun Coast Beach, la playa ‘privada’ del Sun Coast Casino, otro lugar favorito de los turistas locales que adoran dejarse los dólares en las máquinas tragaperras.

Cuando se habla de seguridad en las playas de Durban, no sólo se hace referencia a lo que ocurre en la arena, sino también a las redes metálicas que mantienen alejados a los tiburones. Se trata de playas abiertas a un océano de aguas calientes infectado de escualos. En Durban hay una policía especializada en la vigilancia, detección y caza de cualquier posible tiburón que logre atravesar la red. Son especialistas que salen a patrullar cada mañana, antes de que los bañistas lleguen a la playa. Recorren las redes, comprueban su estado y no quitan el ojo del agua por si apareciera alguna de esas aletas triangulares y ominosas que anuncian la presencia del gran depredador.

Desde la playa, basta seguir las calles West o Smith para llegar al centro de la ciudad antigua. No es un lugar recomendable para pasar mucho tiempo, pero tiene encanto y merece una visita. Lo que más destaca es el imponente Ayuntamiento, que ocupa todo un flanco de la plaza de Francis Farewell. Construido en 1910, se trata de un imponente edificio neobarroco que recuerda de inmediato la arquitectura eduardiana del Parlamento de Belfast, en Irlanda del Norte.

En la parte superior, el Art Gallery contiene una excelente colección de arte contemporáneo sudafricano. También puede visitarse en el mismo edificio el Museo de Ciencias Naturales, con muchos pájaros disecados, extraños insectos y animales africanos. La arbolada plaza rectangular, sofocada por un pastiche de edificios de toda laya, está llena de estatuas y palomas. Uno la ve enseguida, y se va.

Lo que los afables durbanitas no dejan de enseñar con orgullo a ningún visitante es el recién construido estadio, que será sede del próximo Campeonato Mundial de Fútbol, que se celebrará el año que viene. La magnífica arquitectura futurista está rematada por un arco de ciento siete metros de altura, al que se accederá por un monorraíl, pero también podrá recorrerse a pie. Como no podía ser de otro modo en un país donde gran parte de la vida social transcurre en grandes centros comerciales, anexo al solitario estadio se está terminando un gigantesco complejo con todo tipo de tiendas, restaurantes, bares y hasta un hotel. O sea.

MIL CENTROS COMERCIALES.
Lo de los centros comerciales es una verdadera enfermedad en Sudáfrica. Recién llegado a Durban, pregunté al conserje de mi hotel donde podría adquirir una simple tarjeta telefónica. Enseguida me despacharon con un chófer «al mayor centro comercial de todo el hemisferio sur, que está aquí al lado» (lo que se tradujo en alrededor de seis kilómetros). Bueno, no sé si será el mayor, pero aquello era un mundo inacabable de tiendas, bares y terrazas, abarrotado de gente que simplemente se dedicaba a pasear ociosamente, mientras los locales aparecían desiertos, solitarios y prácticamente vacíos.

Esto sucedía en Umhlanga Rocks, una de las zonas turísticas más seguras de la ciudad, a unos 40 kilómetros del aeropuerto de Durban en coche. Aquello es ahora una moderna urbanización costera con varios hoteles de muchas estrellas, una playa limpia y tranquila, placitas salpicadas de pequeños comercios, terrazas al aire libre y un aire muy parecido al que puede tener cualquier población del Mediterráneo español, ¡pero a veinte kilómetros del centro de la ciudad!

Y es que a Durban le han salido muchos complejos (turísticos, se entiende) tanto al norte como al sur. Como si se tratara de la mismísima Costa del Sol malagueña, el litoral meridional está salpicado de grandes hoteles, urbanizaciones, campos de golf, etcétera, que se extienden hasta más de cien kilómetros, mapa abajo. Son lugares que lo tienen todo y donde los turistas disfrutan del bien más preciado en una tierra como ésta: la seguridad.

EL SILENCIO DE LA NOCHE.
Lo mismo puede decirse del norte. Algunos de los barrios más caros, como Ballito, con sus fantásticas playas y mansiones sobre el mar, se encuentran siguiendo mapa arriba, camino del Estuario de Santa Lucía, el mayor de toda África, después del Nilo. Isimangaliso, que así se llama ahora este gigantesco humedal, ha sido declarado recientemente Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y alberga numerosas especies en libertad.

Los amantes de los animales pueden pasar una noche en alguna de los muchos lodges que hay en el parque y salir con un guía antes del amanecer para disfrutar del espectáculo inigualable del despertar de la selva. Yo lo hice. Recuerdo que el silencio de la noche estaba perfumado por una suave brisa que traía un poco de mar y mucha selva. Un mundo de pequeñas criaturas se movía sin ruido por doquier.

Con las primeras luces del alba, la elegante diligencia en la huída de los antílopes y las gacelas contrastaba con el nihilismo de los hipopótamos, inmóviles en su charca. Fue una jornada maravillosa y emocionante, en contacto directo con esa naturaleza salvaje que ya no existe en nuestro mundo tecnológico y totalmente domesticado.

Pero, tierra adentro, el viajero también puede encontrar un mundo fascinante: el de la cultura zulú. Basta seguir el valle del río Umgeni, llamado de Las Mil Colinas, para, a través de un paisaje rugoso de verdes esplendorosos, ir descubriendo los pueblos y aldeas tradicionales de esta etnia milenaria y singular que, a pesar de las guerras e invasiones de los hombres blancos, siguen siendo, aferrados a sus costumbres ancestrales, el alma y la historia de este joven país.

A lo largo de los más de ochenta kilómetros del valle que separan Durban de Pietermaritzburg (aunque popularmente se la conoce como Maritzburg), la capital administrativa aunque segunda más grande de la provincia sudafricana de Kwa Zulu-Natal, no faltan los lugares y pueblos culturales donde aprender en vivo y en directo las sorprendentes formas de vida del mundo zulú.

CÓMO LLEGAR

Iberia (www.iberia.es) es la única compañía española que tiene vuelos directos de Madrid a Johannesburgo. Southafrican Airways (www.flysaa.com), la compañía de bandera sudafricana, también vuela desde Madrid y Barcelona, con escala en distintas ciudades europeas.

DÓNDE DORMIR
No escasean los buenos hoteles en Durban. Quien busque confort y seguridad, lo encontrará sin asomo de duda en el Beverly Hills Sun Intercontinental (Internet: ww.southernsun. com), un fantástico hotel con playa privada, pero al precio de estar alejado del centro.

Quien prefiera un establecimiento más céntrico y también confortable, puede optar por el Albany Hotel (Internet: www.albanyhotel. co.za), en primera línea del mar, un edificio Art Decó recientemente renovado y cerca de casi todo.

Los amantes de la naturaleza deben planear a toda costa una noche en el Makakatana Bay Lodge (www.makakatana.co.za), en el Estuario de Santa Lucía, incluyendo también un espectacular safari al amanecer.

DÓNDE COMER

Si he de recomendar un restaurante, de los muchos de todo tipo entre los que se puede elegir, será Moyo (www.moyo.co.zo), una cadena con sucursales en varias ciudades, que destaca por el logrado ambiente africano, la excelencia de su cocina tradicional y los espectáculos con que ameniza las comidas. El Moyo de Durban se encuentra dentro del parque uShaka Marine World, con su fantástico porche asomado al mar. Comer en este restaurante no sólo representa probar la comida africana en un ambiente único, sino vivir una experiencia total.

QUÉ HACER

La visita al uShaka Marine World es altamente recomendable. Hay que ir preparado para pasar allí una buena parte del día, ya que dispone de una playa estupenda y segura para tomar el sol, restaurantes y muchas cosas interesantes que ver.

Una vez en Durban, vale la pena adentrarse en el valle de Las Mil Colinas y acercarse al mundo zulú (www.zulu.org.za) pasando una noche en el Stewart’s Farm (www.stewartsfarm.com).

INFORMACIÓN

Podrá encontrar todo tipo de información en Internet sobre cómo llegar a Durban, así como qué actividades hacer, dónde acudir, qué ver, etcétera en www.www.durban.kzn. org.za, www.durban. gov.za y www.durban.world-guides.com

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