Nikko, encanto japonés

Los japoneses tienen un dicho para referirse a uno de los lugares más especiales que podemos encontrar en su país: Nikko. “No digas ‘kekko’ (maravilloso) si antes no has visto Nikko”. Lo cierto es que la ciudad de Nikko y los enclaves de sus alrededores se hallan entre los destinos turísticos favoritos de todos aquellos que se deciden por viajar a Japón. Y no es para extrañarse. En 1999, el conjunto monumental de Nikko fue proclamado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. La riquísima tradición cultural japonesa se halla concentrada en Nikko, representada por ejemplos que significarán algo más que una imagen en el álbum de fotos.

El monje budista Shodo Shonin fue, según la leyenda, el fundador del primer templo en el enclave que hoy es Nikko. La misma historia cuenta que Shodo Shonin fue a parar a Nikko después de vadear el río Daiya, montado en dos serpientes que se convertirían en el puente Shinkyo.

El encantador puente de Shinkyo es uno de los iconos de Nikko. Su color rojo en medio del verde de la floresta y su forma ligeramente combada resultan inimitables a cuantos han tenido la suerte de cruzarlo, o simplemente de observarlo. Sin embargo, el puente Shinkyo sólo es el principio de un paseo que conduce a un espacio donde los monumentos más exóticos y parajes de ensueño nos harán entender el refrán japonés.

El puente Shinkyo fue construido sobre todo para dar paso al gran mausoleo que cobijaría los restos del shōgun (titulo militar que literalmente signfica ‘comandante del ejército’) Tokugawa Ieyasu. Este monumento es considerado la máxima expresión de la arquitectura Gongen.

La impresionante pagoda Gojunoto, cuyo color rojo también es característico entre el arbolado de los bosques de Nikko, dedica cada uno de sus cinco niveles de altura a un elemento: desde el primer nivel, la tierra, hasta el último, el cielo, pasando por el agua, el fuego y el viento.

Una de sus principales particularidades arquitectónicas es la presencia de una columna central colgada del cuarto nivel, columna que no llega a tocar el suelo. Como vemos, la magia de esta pagoda, así como ocurre con buena parte de las maravillas que nos aguardan en Nikko, no sólo radica en su aspecto exterior.

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